Jueves, 27 de julio de 2006

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A partir de ahora me podéis encontrar (y espero que me busquéis) en:

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Lunes, 10 de julio de 2006

Hombre libre


Hasta tal punto la lengua puede definir a un pueblo, que en algunos casos se puede encontrar con más facilidad una definición de la misma más amplia que del pueblo en sí. Esto es lo que me ha sucedido al interesarme por el pueblo amazigh o bereber. Si vais a la wikipedia, y buscáis “bereber”, os saldrán dos artículos, el que define al pueblo bereber, y el que trata de las lenguas bereberes. Aunque bereber no es el término que más mola al pueblo amazigh, ya que es un vocablo que proviene del latín y que significa bárbaro.

Todo esto viene a colación del interés que despertó esa cultura en mí, a raíz del maravilloso concierto al que asistí el pasado sábado, Magreb Suprème, dentro del ciclo Cruïlla de Cultures, que organiza La Casa de la Música Popular de Mataró.

Y es que, aparte de las suculentas explicaciones de un argelino amazigh que conocí a través de una amiga, algo empezó a mosquearme en el ambiente a la que llevaba diez minutos en el recinto del concierto: banderas amazigh en el puesto de kebab, camisetas y chapas amazigh en el puesto amazigh, gritos de énfasis con el magnífico grupo amazig Idir… Ni una bandera marroquí, ni argelina… Al rato lo veo claro, estoy en un concierto puramente amazigh.

Uno, en su ignorancia, atribuye a cualquier habitante de Argelia, Marruecos, Túnez, etc., el mismo saco de origen: la etnia arábica. Pero resulta que no, que los árabes llegaron después, y oprimieron al pueblo que ya estaba allí, al pueblo amazigh. Hasta tal punto que en alguno de los países de origen amazigh y con gobierno árabe, está prohibido hacer “uso” de esta cultura.
Se sabe que algo más de la mitad de los inmigrantes de origen magrebí que viven en Catalunya, son amazigh.
Lo mejor de todo viene cuando te muestran su alfabeto. Son caracteres de origen griego junto con otros caracteres propios.
Otra curiosidad, los amazigh más mediterráneos eran cristianos, hasta las invasiones árabes.
De todo esto no tenemos ni idea, porque es una cultura que, desde siempre, ha sido ocultada, lapidada, obligada al ostracismo.
Ahora hay movimientos para la recuperación del idioma y la cultura como el CMA.
Esperemos que consigan recuperar su identidad en libertad y equilibrio con el pueblo árabe. Yo me compré una camiseta muy chula.

Tocaron primero los teloneros Nour, música electro rock, bastante majos, pero no me mataron.
Después Oudaden, amazigh folk total, a estos no les hice mucho caso porque me estaba zampando un kebab. Ante todo integración. Tenían buen ritmo.
Pero después se dejó caer un impresionante Idir (Quiere decir “vivirá” nombre que se ponía a los niños en las grandes epidemias para traer buena suerte). Unos temas simplemente preciosos, bien equilibrados instrumentalmente, buena voz, ni idea de lo que decía, claro. Me encantó. Este señor es más conocido en Francia.
Y finalmente Khaled, que revolucionó el patio. Unos críos se subían a besarlo al escenario y traían locos a los de seguridad. Llevaba unos músicos de mucho cuidado, me moló sobremanera el del djembé.

Y sí, amazigh significa hombre libre, y es lo que simboliza la figura de su bandera, además de una cadena rota.


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Jueves, 06 de julio de 2006

Espero la lluvia


Echo de menos la lluvia.
Me viene a la memoria un fuerte chaparrón en un precioso bosque navarro el pasado verano, durante nuestras últimas vacaciones juntos.
Después de caminar alrededor de un pantano, y casi a punto de regresar a la zona de aparcamientos, una intensa lluvia nos hizo correr a refugiarnos bajo el tejadillo de una caseta de mantenimiento.
Fue la última vez que he disfrutado de la lluvia. Esa lluvia que arranca el olor de la tierra, que forma surcos en el suelo. Lluvia movilizadora de perezosas arañas de largas patas hacia sus nidos de seda. Los riachuelos que hacía de pequeño en el suelo con un palito vienen a mi mente. Su sonido amortiguado por las hojas del suelo y la hierba.
Después de eso, la lluvia en mi vida ha sido escasa, y siempre en el escenario de una Barcelona gris, que acidifica el agua al caer, y la ensucia al tocar el suelo.
Hoy me he dado cuenta que de vez en cuando necesito un buen chaparrón que arrastre el polvo, que cree nuevos surcos que asuste las arañas, que haga salir al niño de los riachuelos. Que me traiga el olor a humus a la nariz.
Espero que este fin de semana llueva y llueva y llueva.

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Martes, 30 de mayo de 2006

Casi no recuerdo.


Casi no recuerdo el frío, los flashes, el crujir de las mantas térmicas. Tenía cinco años. Viajé durante muchas millas en brazos de mi madre, rodeados de otras personas. En una seca primavera, el agua del mar no era ningún motivo de felicidad. Tampoco puedo recordar, porque en ese momento no las comprendía, las miradas de miedo, de incertidumbre de todos. Es todo como un mal sueño, confuso, borroso. El vaivén de las olas. Más frío, miedo.
Mi madre me cantaba antiguas canciones de nuestros antepasados. Alguien la mandó callar en más de una ocasión. Eran canciones de la sabana. Del chico que ganó al león cuerpo a cuerpo. De la lluvia siempre esperada. De la cabra que pactó con su dueño una cuota de leche a cambio de conservar la vida. Eran cuentos no escritos, con toda la información necesaria para desenvolverse en la sociedad. Cuentos con alma.
Tampoco recuerdo muy bien por qué de repente estaba flotando en el agua, ni por qué ya no sentía el miedo de los demás. No recuerdo si yo tenía miedo. Seguramente sí, porque mi madre ya no me sujetaba en sus brazos. Seguramente tenía mucho frío.
Seguramente me asustaron mucho los focos de la embarcación de la Guardia Costera española. Tampoco debía comprender las palabras que dulcemente me intentaban consolar provenientes de una voluntaria de la Cruz Roja.
Pero ahora, muchos años después, me ha sido fácil vivir esa situación, en que, hace veinte años, llegué aquí. Gracias a un documental en la tele en que se hace un repaso de las oleadas de inmigración.
He visto mi cara de cinco años. He visto al niño buscando con la mirada a su madre que nunca aparecerá. He visto los cuerpos sin vida que se pudieron recuperar. Después han continuado con imágenes de ahora, con más inmigrantes llegando como pueden. Y han salido políticos como los de hace 20 años, planeando invertir en más medios para frenar la inmigración “no regulada”.
Mamá: yo lo he conseguido. Ahora soy pobre y huérfano en este país.

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Jueves, 25 de mayo de 2006

Over and Over

Imágenes en baja resolución se mezclan en mi interior. Ruido blanco. Efecto cortinilla.
Todo se puede transformar dentro de la ventana electromagnética.
Cuando las pateras pasan a ser algo habitual en nuestras pesadillas cotidianas, se tienen que transformar en cayucos, para hacernos levantar la mirada hacia ella.
Imágenes que se distorsionan un milisegundo y se van al éter de donde han venido.
Terroristas a un lado, salvadores de patrias no reconocidas al otro.
Campañas de tráfico. Campañas contra el tráfico. La sopa, no, tu sopa, la que a tí te gusta.
El anuncio de un coche, que está concienzudamente dirigido al ego.
El anuncio de un coche que activa la testosterona.
Programas de silicona.
Me voy a la cama, me lavo los dientes con mucha pastita y agua corriente...
Me levanto del sofá, alargo el brazo.
El vello crispado por el campo magnético. Imágenes de tiempos que no deberían volver a mis retinas, sonidos que me hicieron disfrutar en un tiempo ahora me llenan de melancolía.
Apago el pasado. Olvido el presente.

Y suena el Over and Over de Morcheeba.

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