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Martes, 22 de noviembre de 2005

Solamente una paloma


Hoy he vuelto a presenciar una escena que odio, pero que me fascina.
Ha sucedido en un ínfimo anfiteatro que hay entre los vestuarios del campo adonde voy a jugar a fútbol los martes.
El animal iba con su plumaje levantado y el cuello encogido, como cuando tienen frío. Sus pasos eran inseguros y lentos, denotaban que no había ningún criterio en la dirección que llevaban. Cada vez eran más pesados. Vaya paradoja en unos seres que pueden desafiar a la ley de la gravedad. Cuando ha alcanzado la parte central del pequeño patio, ha trastabillado en dos ocasiones, la primera ha conseguido salvar el tipo, a la segunda, ha tenido que abrir un poco el ala por la parte del hombro, para apoyarse con ella en el suelo y evitar quedar boca arriba. Sus patitas naranjas no han podido más y se han doblegado al peso de un ser que surca el aire. Sentada sobre el frío pavimento ha cerrado los ojos, sin importarle ya los gatos o los insensibles niños. Ha hecho dos gestos de agonía con el pico, y se ha quedado descansando en esa postura, sabiendo que no podía hacer nada más. Pero su corazón aun latía.
Me he metido en el vestidor. Hoy el partido ha estado muy bien. He marcado un gol. Cuando he vuelto, la pobre paloma anciana, estaba en una papelera. Alguien en un acto misericordioso, la ha querido quitar de los ojos de los niños que vienen a entrenar después de nosotros. Su tumba provisional estaba adornada por unas hojitas secas, un bote vacío de Cacaolat, unos papeles rasgados.
Ahora ya no dejará las alturas, ahora no comerá pan acidificado por la lluvia y el humo del tráfico. Ya nadie la llamará asquerosa, por ocupar una ciudad que es quien le hace cambiar sus inclinaciones naturales por otras más reprobables. Ahora sí que vuela.
Y yo, he llorado en mi interior, como siempre que veo esta escena que odio, porque los occidentales odiamos y tememos la muerte. Y que me fascina, porque comprendo, una vez más, el ínfimo valor de la vida, y a la vez el enorme valor que tiene.
Y he llorado en mi interior, porque delante de los compañeros de fútbol no se llora.

Imagen: Paloma Caffe de Javier Alvarez

Por: Don Pablos | General | Comentarios (4) | Referencias (0)

Comentarios

Que no te dé vergüenza llorar. Es una pena ver sufrir así a un animal, aunque sólo sea una paloma (y ya sabes mi experiencia con ellas). Después de todo nosotros también lo somos, aunque seamos más inteligentes... o tal vez nos lo creamos.
Un beso disperso.

Ironika | 23-11-2005 21:43:16


Tú lo que quieres es que me ponga a llorar, no?. Yo también he sentido lo fragil que es la vida a través de los pajarillos.

Burdon | 24-11-2005 12:41:34

¿Sabes? en realidad no has llorado solo hacía dentro, sin darte cuenta yo, nosotros, hemos podido ver tus lágrimas, y al llorar así, has permitido que tus lágrimas se evaporen, pq yo creo que las lágrimas que se guardan hacía dentro se enquistan.

Hoy tus lágrimas me han permitido sonreir en mi interior... sí, pq has puesto un granito más de esperanza en mi creencia de que los seres humanos existen y me has hecho sentir aunque sea unos minutos orgullosa de pertenecer a ellos. Un fuerte abrazo.

Brisa | 25-11-2005 15:15:29

Bonitas palabras que no esconden más que lo poco valerosos que somos. Me recuerdan a los periodistas que esperan a que maltraten a cualquier pobre diablo para hacer la foto. Pocas veces pasamos a la acción ante un sentimiento de rabia o frustración, siempre lo justificamos achacándolo a la dureza de la vida. La próxima vez tendremos que coger a la paloma y llevarla a un rincón tranquilo para que pase sus últimos instantes. Y te lo digo porque yo sentí lo mismo que tú pero, en vez de expresarlo con palabras, lo expreso sintiéndome más humano pero menos persona.

Improperio | 01-12-2005 18:07:29

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