Sábado, 04 de marzo de 2006
¿Existe alguna prueba más fehaciente de libertad que la de amar a alguien libremente?
Probablemente, cuando le decimos a alguien que no queremos que la relación vaya más allá para no minar nuestra libertad personal, en realidad le estamos diciendo que no le queremos lo suficiente como para sacrificar ni un ápice de esa libertad, o mejor dicho, lo que solemos llamar “nuestro espacio personal”.
Nuestro espacio personal es aquella parte de nuestra vida donde no queremos que intervenga nuestra pareja. Nuestras aficiones personales, las amistades que no queremos que se conviertan en comunes, la intimidad de nuestro lavado de dientes…
Estoy de acuerdo en conservar este espacio. Contribuye a mantenernos fieles a nosotros mismos, a conservar nuestro “sabor”. Al fin y al cabo cuando nos enamoramos de alguien, en parte lo hacemos porque tiene determinadas características que por alguna razón nos atraen. Si perdemos ese “sabor”, tamizado y difuminado por la vida en común, seguramente dejaremos de interesar a la otra persona. Ya no seremos aquél por quien se emocionó.
Sin embargo, y por seguir con la reflexión, veo otro lado en este asunto. Y es que si se ponen límites a una relación, para que prevalezca ese terreno vedado para el otro, esta será como un cochecito de cuerda que se ha dado contra una pared, y que sigue gastando la fuerza del fleje, intentando avanzar inútilmente. Al final el cochecito se detiene.
Últimamente la población de pisos habitados por una sola persona está creciendo en Barcelona y en general en todas las grandes ciudades. Son un ejército de propietarios y propietarias de espacios personales inexpugnables, espacios vírgenes para el resto de los mortales que no merecen pisarlo. Minifundios que acabarán siendo tierra yerma y cuarteada, donde las semillas ya nunca agarrarán, por más lágrimas que sus propietarios viertan sobre ella.
Yo me quedo con la segunda acepción del diccionario de la R.A.E. del lema ósmosis.
Por: Don Pablos | General | Comentarios (4) | Referencias (0)
Para mí, sin un espacio personal (físico y psicológico) es imposible desarrollarse como persona. La libertad en el amor se basa en escoger el momento temporal y espacial que queremos compartir y cual queremos reservarnos. Todo lo demás es incidir en el demoníaco mito de los seres redondos de Platón.
Las viviendas unipersonales... Divino e inalcanzable tesoro. ¿Cuando llegará el día que pueda platarme en esa tierra yerma de la que hablas?. En mi jardín sí crecerían las semillas, te lo aseguro. Yo las regaría con las sonrisas resultantes de los deseos cumplidos.
sirenita-2 | 06-03-2006 18:30:17
Por supuesto Sirenita, no hablaba en contra de esos necesarios espacios personales, sinó del gran desequilibrio que ocasiona su excesivo cuidado.
Ojo con las semillas de plantas invasivas. ;-)
Don Pablos | 06-03-2006 21:49:41
mmm vivir sólo está bien, yo he vivido solo cerca de 10 años y es una experiencia que creo debería hacer todo el mundo, si no tantos años al menos un par en su vida.
Pero... vivir bien acompañado es mucho mejor !!!
Por supuesto que todos necesitamos nuestros espacios personales, pero mi opinión es que si son demasiados, es decir que si el tiempo que pasas sólo es mayor que el que pasas con tu pareja por cuestión de diferencia de gustos, malas caras, acostarse antes, levantarse antes o después... si haces demasiadas cosas en soledad a pesar de tener pareja con la excusa de defender tu individualidad... es que no has escogido a la pareja adecuada.
Es mi opinión, fundamentada en varias parejas y vivienda unipersonal durante años.
el tronco | 07-03-2006 16:58:29
En cualquier relación, creo que es malo ponerle límites si es alguien que nos importa de verdad. Claro que ahí hay que separar amistades de parejas, pero incluso en una pareja, conviviendo, cada uno necesita su propio espacio, sobretodo mental, debe haber necesariamente algún espacio no común. Lo importante es tenerlo claro y ser consecuente con eso, no tenemos porque compartirlo todo.
kizz | 07-03-2006 23:56:26
Trapos que pongo a secar al sol.
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